¿NIÑOS DE LA CALLE? ¿HOMBRES TOPO?

Periódico El Deber, Santa Cruz, 01/11/2017.

O seres humanos condenados a vivir excluidos del conjunto de los derechos humanos básicos, como la ausencia del derecho a la vida y la dignidad al estar rodeados de violencia y ser estigmatizados como ‘hombres topo, malvivientes, polillas, hijos de la calle’ o, en el mejor de los casos, ‘víctimas indefensas’ que inspiran lástima, sobre cuya base se pretende dotar de legitimidad a las acciones represivas o caritativas para llenar el vacío de políticas públicas sostenibles y acciones concretas que contribuyan a resolver esta emergencia social provocada por la inequitativa e injusta distribución de la riqueza.    

Se estima que alrededor de 800 personas viven en situación de calle en nuestra ciudad, de las cuales siete de cada 10 son niños, niñas y adolescentes, que han sido excluidos del derecho a la vida familiar y comunitaria esencialmente por la violencia intrafamiliar, que a su vez los excluye del derecho a la educación, la salud, el trabajo digno, la escucha y libre expresión poniendo en riesgo su derecho a la vida de manera cotidiana y siendo asistidos apenas por una media docena de instituciones privadas de desarrollo social, entre las que se cuenta un programa de la Gobernación.

Pero más aún, en el último tiempo al acentuarse los riesgos fruto del incremento del comercio y uso indebido de drogas,  junto a la trata y violencia sexual comercial de niñas, niños y adolescentes, aparejado a las infecciones de transmisión sexual y en particular el VIH/SIDA, se ha deteriorado de manera profunda la salud física y mental de las personas en situación de calle que conviven con madres indígenas que migran temporalmente con sus hijas e hijos,  recurriendo a la mendicidad como parte de una estrategia de sobrevivencia al proceder de pequeños municipios del norte de Potosí en situación de extrema pobreza. 

Asumiendo que se trata de un fenómeno social complejo de abordar por su naturaleza multifacética y multicausal, para superarlo requiere del máximo nivel de decisión política, siendo recomendable  articular un gran pacto nacional por la dignidad y la inclusión social, el mismo que a la cabeza del órgano ejecutivo nacional debe comprometer las gobernaciones y gobiernos municipales junto a las instituciones de la sociedad civil que abordan la temática, con el propósito explícito de erradicar esta problemática  en un plazo perentorio en todo el territorio nacional, evitando el resurgimiento de la misma con la institucionalización de una política pública permanente.

La complejidad del problema obliga a la aplicación de estrategias diferenciadas enmarcadas en un plan nacional por la inclusión y la dignidad que debería impulsar el pacto nacional propuesto y que respondan a la diversidad de aspiraciones y demandas de las personas en situación de calle y en particular de los y las niñas y adolescentes, como ser la recuperación de vínculos familiares en sus diversas modalidades,  las estrategias de prevención del abandono y superación de la violencia intrafamiliar, la superación de adicciones, la oferta de oportunidades laborales de empleo digno, las oportunidades de educación y capacitación, el fortalecimiento de las capacidades productivas de los municipios del norte de Potosí en situación de extrema pobreza, entre otros. 

Junto a la estrategia de superación de la vida de calle, es aconsejable diseñar y poner en práctica una agresiva política y estrategia preventivo educativa generando entornos protectores y seguros en el ámbito familiar y comunitario focalizado sobre todo en la prevención de la violencia;  potenciando los factores protectores de los propios niños, niñas y adolescentes con cierto grado de vulnerabilidad y acercamiento a la vida de calle; y evitanto procesos de callejización de niños, niñas y adolescentes que desarrollan actividades de sobrevivencia en los espacios públicos,  interviniendo  en los ámbitos familiar, escolar y comunitario.  

https://www.eldeber.com.bo/opinion/Ninos-de-la-calle-Hombres-topo--20171031-0107.html