ADVIERTEN ELEVADA Y DESIGUAL MORTALIDAD NEONATAL EN BOLIVIA

Periódico El País, Tarija, 30/10/2017 - Alejandro Zegada.

En Bolivia, “por cada recién nacido que muere en el área urbana, dos mueren en el área rural, lo que muestra una profunda brecha a nivel territorial”, advierte un reciente estudio de Inés Valeria Lagrava, investigadora de Políticas y Proyectos de Desarrollo.

La mortalidad neonatal se define como la defunción de un niño nacido vivo entre el momento de su nacimiento y los 28 días de nacido. Actualmente representa el 54% de las defunciones de menores de un año en el Estado Plurinacional de Bolivia.

Los factores de la mortalidad neonatal difieren entre áreas urbanas y rurales. En el área urbana, éstos se relacionan principalmente con “los conocimientos, actitudes y prácticas de salud de la madre, así como con su condición socioeconómica”.

El área rural se destacan “las variables de la comunidad”, es decir, las características territoriales que “dificultan el acceso a una atención oportuna y adecuada en los establecimientos de salud, que afectan la calidad de la atención materno-neonatal y que inciden en los recursos económicos y los conocimientos de la mujer, la familia y la comunidad”, afirma Lagrava.

Otro hallazgo de la investigación se refiere al papel que tiene el Seguro Universal Materno Infantil (SUMI), implementado en 2003, en el acceso a los servicios de salud. La investigación detectó limitaciones del sistema actual de salud en cuanto a la cantidad y la calidad de los servicios que ofrece. 

Según los resultados encontrados, “los usuarios más frecuentes de las prestaciones que brinda el SUMI son las madres urbanas con ingresos relativamente más altos que en el área rural. En este sentido, dichas prestaciones no habrían llegado a las áreas rurales ni a las comunidades más pobres, y tampoco habrían estimulado una mayor demanda de servicios de salud”. 

Esto, según la investigadora, se debe a una “distribución desigual e inadecuada de la sanidad a nivel nacional. Como revelan los resultados, la distancia entre los establecimientos de salud y los hogares representa un problema importante en el acceso a estos servicios, sobre todo en el área rural”. 

Por otro lado, los resultados también revelan que el hecho de ser indígena sigue siendo un problema que repercute en el acceso, “lo que muestra que el SUMI no ha abordado temas de exclusión ni ha establecido mecanismos para promover el derecho a la salud”. 

El objetivo del SUMI era eliminar los obstáculos económicos en el acceso a los servicios de salud. “Sin embargo, al no abordar otros obstáculos, como la exclusión o las barreras geográficas, su eficacia global se ve limitada”.

Para la investigadora, estos hallazgos permiten concluir que en Bolivia el riesgo de muerte neonatal está condicionado por el nivel de acceso a los servicios de salud, como resultado de las disparidades territoriales a nivel urbano y rural. 

“Estas disparidades se traducen en barreras de acceso de carácter económico, geográfico y de exclusión, que reducen la equidad en el acceso y la utilización de los servicios de salud, refuerzan los determinantes sociales que inciden en la muerte del recién nacido y limitan el acceso a intervenciones oportunas y adecuadas en la atención materno-neonatal”, advierte Lagrava.

Los factores analizados

Según indica la investigadora, el grado de pobreza del municipio influye “significativamente” en la probabilidad de muerte neonatal, tanto en el área urbana como en el área rural, ya que el nivel de desarrollo del municipio “supone la disponibilidad y el acceso a servicios básicos y de salud, entre otros”. 

Por otro lado, a medida que el municipio es más rico, “las madres tienden a alcanzar un mayor nivel de educación y, por ende, mayor conocimiento sobre procedimientos de cuidado de la salud. Esto a su vez, influye en el comportamiento de los demás individuos dentro de la comunidad, en parte a través del aprendizaje y la influencia social”.

La misma tendencia se refleja con la edad de la madre: los bebés de madres mayores tienen menos probabilidad de sufrir muertes de recién nacidos.

De igual manera, los resultados indican que un mayor intervalo intergenésico (tiempo entre hijos) disminuye el riesgo de mortalidad neonatal. En efecto, un niño concebido dos años después del nacimiento del hermano anterior, en el área urbana, tiene 0,56 veces menos probabilidades de morir antes de los primeros 28 días de vida que uno nacido antes de ese intervalo. 

Por otra parte, se observa que en el área urbana, el hecho de que la madre haya utilizado el SUMI durante el embarazo reduce “notablemente” el riesgo de mortalidad neonatal, cosa que no ocurre en el área rural, ya que “el hecho de vivir en el área rural, sobre todo en algunas regiones, condiciona el acceso a servicios de salud debido a la baja cobertura, la falta de personal especializado y las grandes necesidades de equipamiento e infraestructura en los establecimientos de salud”.

Indígenas siguen siendo los más vulnerables

Lagrava también ha encontrado que el hecho de ser indígena incrementa la probabilidad de muerte neonatal. En general, la pobreza y la exclusión afectan sobre todo a las poblaciones indígenas, que padecen “las mayores desigualdades y niveles de vulneración de sus derechos humanos, por ejemplo, el derecho a la vida y la salud”.

Respecto al tema salud, la exclusión se da “por falta de acceso a servicios de salud o por la autoexclusión vinculada con el idioma y la discriminación por parte del personal de salud”, aspectos que producen una “gran inequidad entre indígenas y no indígenas en cuanto al tipo de atención institucional recibida”.

En este contexto, los niveles de mortalidad neonatal son más elevados entre los niños y niñas indígenas, en comparación con el resto de la población menor de la misma edad, tanto en áreas urbanas como rurales. 

Según encontró la investigadora, “por cada niño no indígena que muere, tres niños indígenas dejan de vivir, lo que refleja su mayor exposición a la vulneración del derecho a la vida”.

Urbano versus rural

En el área urbana, las variables predominantes de la mortalidad neonatal son, en orden de importancia: “el estado marital de la madre, el peso al nacer del recién nacido, el período intergenésico, el número de orden de nacimiento del niño y la variable que indica que ambos padres trabajan, el padre fuera del hogar y la madre en el hogar”. 

Lagrava explica que todos estos factores se relacionan principalmente con los conocimientos, las actitudes y prácticas de la madre en materia de salud, así como con su condición socioeconómica. 

En el área rural se destacan las variables de la comunidad, dado que la presencia de mortalidad neonatal en el hogar “se explica por características territoriales que dificultan el acceso a servicios de salud. Esto se complementa con determinadas características exclusivas de la madre en cuanto a su condición social y su salud durante el embarazo”, afirma.

Por departamentos

Tarija, Santa Cruz y Pando son los departamentos con menores tasas de mortalidad neonatal, con 20, 17 y 20 defunciones por cada mil nacidos vivos, respectivamente. Potosí, Cochabamba y La Paz presentan las tasas más elevadas de mortalidad neonatal, con 52, 35 y 34 defunciones por cada mil nacidos vivos, respectivamente.

En La Paz y Potosí la mortalidad neonatal se concentra en áreas rurales, ya que la disponibilidad de servicios es mayor en el área urbana, donde tiende a residir la población de mayor nivel socioeconómico. 

En el departamento de Cochabamba, la probabilidad de muerte neonatal aumenta indistintamente si el hogar se encuentra en área urbana o en el área rural, a pesar de los altos niveles de cobertura de los servicios de salud. “Esto se debe al crecimiento y la expansión precaria que ha caracterizado a las áreas urbanas del departamento en los últimos diez años y que condicionan el acceso de la población a servicios básicos y de salud”.

En Santa Cruz la probabilidad de muerte neonatal disminuye, tanto en el área urbana como en el área rural, debido a “los altos niveles de desarrollo socioeconómico alcanzados por el departamento en los últimos 20 años, así como por un mejor funcionamiento del sistema de salud. Este departamento posee los mejores índices de cobertura a nivel urbano y rural, y es el único que cuenta con un centro de tercer nivel en el área rural”, afirma Lagrava.

Avances nuevos, resultados pendientes

Bolivia ha mostrado avances en salud materno-infantil en la última década. En el aspecto económico, se implementó el Bono Juana Azurduy en 2009, para incentivar a las madres a utilizar los servicios de salud gratuitos mediante una transferencia monetaria por el cumplimiento de corresponsabilidades (control prenatal, parto, postparto y control del crecimiento y desarrollo de los menores de dos años). 

También en 2009 se presentó como política pública el Plan Estratégico Nacional para Mejorar la Salud Materna, Perinatal y Neonatal en Bolivia 2009-2015, que busca generar un marco para la aplicación del modelo de Salud Familiar Comunitaria Intercultural (SAFCI) adoptado en 2011, con el fin de reducir las barreras de exclusión.

Según interpreta Lagrava, este Plan busca también responder al problema de las disparidades territoriales, promoviendo la implementación de planes departamentales y municipales, así como alianzas entre los diferentes actores sociales en la ejecución del Plan nacional y de los planes departamentales. 

“De igual manera, promueve la mejora de la atención del binomio madre-hijo en los servicios del sistema de salud. Con ese fin aplica modelos de atención con un enfoque intercultural, y mejora la calidad de la atención y las competencias técnicas del personal de los establecimientos de salud”, afirma.

Por otro lado, en 2013 se promulgó la Ley de Prestaciones de Servicios de Salud Integral del Estado Plurinacional de Bolivia, que da continuidad a las prestaciones gratuitas para las mujeres embarazadas y los niños menores de 5 años, otorgadas anteriormente por el SUMI.

Pero si bien con estas nuevas políticas se han abordado las principales barreras de acceso a los servicios de salud, todavía es necesario investigar sus efectos sobre la reducción de la mortalidad neonatal. 

Para ello, debe transcurrir un tiempo entre su puesta en marcha y la obtención de nuevos datos de encuestas representativos a nivel nacional, puesto que los datos del Censo Nacional de Población y Vivienda 2012 son muy próximos a su implementación.

http://elpaisonline.com/index.php/2013-01-15-14-16-26/local/item/271766-advierten-elevada-y-desigual-mortalidad-neonatal-en-bolivia